Emociones

     

Recursos para desarrollar la inteligencia emocional de nuestros hijos

Desarrollar la inteligencia emocional en las aulas


La sociedad está cambiando y un modelo educativo concebido en la revolución industrial en el que se primaba la estandarización, la repetición, etc… poco tiene que ver con el mundo actual.

El mundo cada vez es más dinámico y está más dominado por las tecnologías de la información. El conocimiento está a disposición de nuestros hijos como nunca antes lo había estado… con sólo dar a una tecla pueden obtener toda la información que necesiten y el aprendizaje colaborativo está a la orden del día. Según los expertos 4 de cada 5 niños trabajarán en profesiones que aún no existen…

La educación tiene que cambiar irremediablemente para adaptarse a los nuevos tiempos… y desde mi punto de vista debe centrarse en formar a la persona de una manera mucho más integral, teniendo en cuenta sus sentimientos, sus emociones, sus capacidades, sus actitudes, sus talentos…  y así desarrollar competencias, habilidades y destrezas que le permitan ser feliz el día de mañana.

Os dejo este vídeo/documental (sólo dura 8 minutos y merece la pena) en el que una profesora de infantil explica distintas técnicas para trabajar la educación emocional con los niños. Es un documental fantástico que nos puede servir de inspiración a muchos padres… (podéis activar los subtítulos en la barra de herramientas del vídeo)…

Me alegra muchísimo comprobar que cada vez somos más los que nos preocupamos por ofrecer a nuestros hijos una educación más amplia, no basada solamente en aspectos cognitivos y académicos, una educación adaptada a las capacidades de cada niño en la que las emociones tienen un lugar importante.

Me he emocionado al verlo… será tal vez porque estoy justo en el momento de buscar un centro educativo para mi hija… espero que os guste!!

Enseñar a nuestros hijos a ser proactivos


Todas las personas tenemos la capacidad de decidir muchas cosas. Sin embargo, la concepción que tenemos de cómo se fraguan las cosas en la vida condicionan nuestra manera de ser.

Si pensamos que nada depende de nosotros sino que nuestra vida y nuestra suerte están sometidas a acontecimientos externos y ajenos a nosotros seremos personas mucho menos activas que si pensamos que lo que ocurra depende básicamente de nosotros y está en nuestras manos.

Yo pienso que ante cualquier situación todos podemos hacer alguna cosa o poner nuestro granito de arena para cambiarlo. Probablemente haya situaciones ajenas a nosotros en las que nos parezca que se nos escapa totalmente de las manos y seguramente sea así en un 99% pero si lo pensamos bien seguro que hay al menos un 1% restante que depende de nosotros o que nosotros podemos aportar.

Esto es lo que me gustaría que pensaran mis hijos en el futuro, que pueden cambiar las cosas, y que los sueños por muy lejanos que parezcan se pueden conseguir con esfuerzo y perseverancia.

Esta actitud como sabéis se asocia al espíritu emprendedor. En una de las charlas de emprendimiento a las que asistí últimamente se comentó una cosa que me pareció muy cierta: “si persigues con tesón tus sueños el cosmos y los astros se aliarán contigo para que los consigas…”. Y es que si luchamos decididamente por algo es cierto que las cosas empiezan a fluir. Nos puede parecer que hay un montón de casualidades que empiezan a surgir… pero en realidad no son casualidades sino causalidades provocadas por nosotros mismos.

Sólo hay que atreverse y actuar. Y es que el miedo al fracaso es mucho peor que el propio fracaso. De este último al menos aprendemos cosas que nos servirán en un futuro pero el miedo nos bloquea, nos paraliza y no nos deja avanzar.

Tenemos la capacidad de influir en nuestros hijos para que tengan una u otra visión de la vida. Os invito a que reflexionéis sobre el tema y a que les eduquéis para ser personas proactivas y luchadoras, y recordad que la mejor manera de transmitírselo no es con la palabra sino con el ejemplo diario.

Termino con una cita de Paramahansa Yogananda, gurú de la India y pionero de las enseñanzas de la meditación en Occidente:

“El ser humano siembra un pensamiento y recoge una acción.

Siembra una acción y recoge un hábito

Siembra un hábito y recoge un carácter

Siembra un carácter y recoge un destino”

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Cómo generar autoconfianza en nuestros hijos


Quizás no somos conscientes de lo importante que es lo que les decimos a nuestros hijos acerca de su persona, de cómo son, de sus cualidades y  defectos. Y no sólo lo que les decimos directamente a ellos sino también lo que decimos de ellos a otras personas mientras están delante.

Talentina: mis palabrás mágicas para hoy "Tú puedes"

Puede ser habitual por ejemplo que después de un día o una tarde con ellos cuando llega papá o mamá a casa descarguemos nuestro cansancio comentándole delante del niño lo bruto que es, lo travieso que es, lo egoísta que ha sido o lo mal que se ha portado, etc.

Sin embargo, no debemos olvidar que la imagen que nosotros proyectamos de ellos contribuye en gran medida a forjar la imagen que ellos mismos tienen de sí mismos y tiene gran influencia en su autoestima y su autoconfianza. Si esta influencia la usamos en sentido positivo podremos hacer que se superen día a día, si por el contrario sin darnos cuenta la usamos de manera negativa podemos causarles un gran perjuicio.

Y es que si nos pasamos el día diciéndole a nuestro hijo que es un patoso probablemente acabará siéndolo porque la imagen que él tendrá de sí mismo también será esa. Cuando tenga que hacer algún ejercicio que requiera cierta habilidad empezará a pensar que no puede, porque es un patoso, y desistirá a la primera de cambio. Si por el contrario hacemos incidencia en sus cosas positivas y destacamos sus progresos en aquello en lo que no es tan bueno les animaremos a seguir esforzándose y por tanto a que mejoren y se vayan superando.

Esto me trae a la cabeza una historia que leí hace tiempo y que pueden ayudar a nuestros hijos a relativizar lo que los demás dicen de ellos o de sus capacidades. Era algo así:

            Érase una vez unas ranitas que decidieron hacer una carrera para subir una colina. Todo el pueblo opinaba que era imposible que lo lograran. Empezó la carrera y todo el pueblo empezó a abuchearlas, a reirse de ellas, y a decirles que no lo lograrían, que eran muy pequeñas y torpes,  y que era imposible que lograran subir hasta allí arriba, que lo dejaran. A medida que iba avanzando la carrera las ranitas iban desistiendo hasta que finalmente sólo quedó una ranita que continuó y logró subir la colina. Todo el pueblo se quedó estupefacto de que hubiera sido capaz. Cuando le preguntaron cómo lo había logrado, la ranita contestó: qué, qué, qué?. Se dieron cuenta de que esa ranita era sorda, no oía nada. No se había enterado de lo que la gente le había dicho y es más, pensó que todo el pueblo estaba animándola….

Probablemente si esa ranita hubiera oído también hubiera desistido. He ahí el poder que tiene sobre nosotros lo que los demás nos dicen.

Ayudemos a nuestros hijos a que siempre confíen en sus posibilidades.

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El apego infantil


Ayer por la noche estaba intentando dormir a mi hija, ella daba vueltas hacia un lado y hacia el otro, se frotaba los ojos y no paraba de hacer todo tipo de muecas y de aspavientos… no había forma de que se durmiera. Se notaba que tenía sueño porque siempre que me dice que le pican los ojos es porque se está cayendo pero el caso es que no lograba conciliar el sueño, y eso que lo intenté todo: cuentos, nanas…

De repente sin yo decirle nada me dice: “Mamá, es que no me quiero dormir porque mañana cuando me despierte no vas a estar, estarás trabajando y no quiero…”

Como comprenderéis casi me desarma… y es que entendí la angustia que le producía saber que después de un fin de semana juntas llegaba el lunes, “el cole” y con ello el trabajo de mamá, y de papá claro.

Una de las cosas que te trae la maternidad es la vuelta a tu infancia, y es que yo misma aún recuerdo algunas de mis pataletas agarrada a la pierna de mi madre para que no se fuera a trabajar… y recuerdo esa sensación de desamparo cuando se iba… por eso la entendí tan bien…

Intenté explicarle que sólo me iba un ratito, que debía hacerlo, pero que enseguida volvería con ella… pero lo cierto es que con tres años no puedes aspirar a que lo entienda, como mucho a que lo acepte y ya está.

Durante los primeros años de vida los niños necesitan mucho a sus padres… pasar tiempo con ellos, y saber que están ahí. Sin embargo la sociedad moderna hace cada vez más difícil conciliar la vida laboral y familiar. Lo sufrimos los padres, pero sobre todo lo sufren nuestros hijos.

Os transcribo un párrafo de un artículo de Carlos González sobre el tema del apego infantil en los primeros años de vida. Este pediatra habla de lo importante que es el afecto y la seguridad que les damos a nuestros hijos en sus primeros años.

            Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él… si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.

             Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

¿Qué opináis sobre este tema?

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Uno de los aspectos que más me preocupa de la formación de mis hijos es la educación emocional. Es un tema que me interesa mucho y es que tengo la sensación de que les llenamos la cabeza de conocimientos y en muchas ocasiones nos olvidamos de lo esencial: enseñarles a gestionar las frustraciones, el éxito, los fracasos, las pérdidas, los miedos, los rechazos, etc.

Tradicionalmente la educación se ha centrado en los aspectos cognitivos y ha dejado de lado los aspectos más emocionales, y es por ello que los propios padres podemos sentirnos desorientados acerca de cómo abordar estos temas.

Os recomiendo el libro “Padres brillantes, maestros fascinantes” de Augusto Cury, imagino que muchos de vosotros ya lo conoceréis. Este psiquiatra hace una reflexión muy interesante acerca de cómo educar las emociones.

Tras leerlo me gustaría compartir con vosotros algunas ideas, sencillas, pero creo que muy útiles:

  • Aquello que nos genera emociones, buenas o malas, ocupará en nuestras memorias siempre un lugar privilegiado. Compartamos con nuestros hijos nuestras emociones y nunca lo olvidarán.
  • La televisión, las consolas, los videojuegos, internet… están haciendo que la comunicación en casa se deteriore. Es muy importante hablar con nuestros hijos, de todo, pero sobre todo de nuestras experiencias vitales, de nuestros logros y fracasos, de nuestros anhelos y frustraciones. Todos tenemos una vivencias tras nosotros, compartámosla con ellos, así es como conseguiremos llegar a su corazón.
  •  Humanizar el conocimiento es otra de las propuestas interesantes de este autor, se trata de convertirnos en narradores de historias. Detrás de los datos y de la información dada de forma objetiva en muchas ocasiones existe una historia, se encuentran lágrimas, errores, dificultades, ansiedad, y en muchas ocasiones el coraje del protagonista para seguir adelante. Muchos pensadores murieron por sus ideas. Se trata de crear el clima emocional que vivieron mientras investigaban. A los niños se les podrán olvidar las normas y reglas pero no nuestras historias. Esto ayudará a crear nuevos modelos y héroes.
  • Enseñarles a gobernar sus propios pensamientos y emociones es uno de los mejores aprendizajes que les podemos aportar a nuestros hijos. Entrenar los pensamientos positivos y desechar o aprender a gestionar los negativos es una tarea que todos deberíamos aprender desde pequeños.
  • Hacer que participen en proyectos sociales les vacunará contra el individualismo y el egoísmo. En la época que nos ha tocado vivir, tan basada en el consumismo y en la satisfacción inmediata de nuestros caprichos y deseos, deberíamos de reservar siempre una parcela de nuestra vida para hacer algo por los demás.

¿Qué os parecen estas ideas? ¿Estáis de acuerdo con todas? ¿Qué otras ideas se os ocurren para educar las emociones de nuestros hijos?

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